*Un estudio revela que un programa específico de entrenamiento cognitivo disminuye el riesgo de demencia en un 25%
En la búsqueda constante por mantener el cerebro joven, un estudio acaba de dar con un hallazgo prometedor. Un programa de entrenamiento cognitivo informatizado, centrado en la velocidad de procesamiento y reforzado con sesiones periódicas, logró reducir el riesgo de Alzheimer y demencias relacionadas en un 25% durante dos décadas.
Lo más revelador del estudio, conocido como ACTIVE, es que ni el entrenamiento de memoria ni el de razonamiento mostraron el mismo beneficio a largo plazo.
Los resultados, publicados tras 20 años de seguimiento, desafían la noción de que cualquier tipo de "ejercicio mental" es igualmente efectivo.
"Ver que el aumento del entrenamiento de velocidad se vinculó a un menor riesgo de demencia dos décadas después es notable", dijo Marilyn Albert, directora del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer en Johns Hopkins Medicine en Baltimore, en un comunicado.
El método: aprendizaje adaptativo frente a estrategias grupales
Lanzado en 1998, el ensayo ACTIVE reclutó a dos 802 adultos mayores de 65 años. Los participantes fueron divididos en cuatro grupos: entrenamiento de velocidad (por computadora), entrenamiento de memoria (grupal), entrenamiento de razonamiento (grupal) y un grupo de control sin entrenamiento.
Mientras que los talleres de memoria y razonamiento se centraban en estrategias mnemotécnicas y resolución de problemas, el entrenamiento de velocidad era radicalmente distinto.
Este programa informático estaba diseñado para mejorar la rapidez y precisión con la que procesamos la información visual. Su secreto radica en ser "adaptativo": comenzaba con un nivel adecuado a la habilidad de cada persona y se volvía más desafiante a medida que el usuario mejoraba.
A diferencia de las clases grupales donde todos aprendían lo mismo, aquí el cerebro era empujado justo hasta el límite de su capacidad, fomentando un "aprendizaje implícito" que ocurre de forma casi inconsciente a base de práctica y repetición.
El factor clave: las sesiones de refuerzo
Inicialmente, al comparar los tres tipos de entrenamiento con el grupo de control, ninguno mostró una reducción estadísticamente significativa en el riesgo de demencia.
La diferencia apareció al analizar a quienes recibieron "sesiones de refuerzo" meses después del entrenamiento inicial. Los participantes que completaron al menos una sesión de refuerzo en velocidad de procesamiento redujeron su riesgo de demencia en un 25% en comparación con el grupo control.
En cambio, aquellos que recibieron entrenamiento de velocidad, pero no acudieron a los refuerzos no mostraron mejoría alguna (su riesgo se mantuvo igual que el de quienes no entrenaron). Ni la memoria ni el razonamiento, ni siquiera con refuerzos, lograron un impacto significativo en la prevención de la enfermedad, lo que subraya la especificidad del método basado en velocidad y adaptación.
A pesar del entusiasmo, la comunidad científica pide cautela. Jessica Langbaum, del Banner Alzheimer's Institute, señaló que mantenerse cognitivamente activo es positivo, pero recordó que estudios como FINGER sugieren que las intervenciones "multidominio" (combinar ejercicio, nutrición y entrenamiento cerebral) podrían ser más efectivas que el entrenamiento cognitivo por sí solo.

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