
La cultura del cuidado en México sigue determinada por el género: “las hijas están más cerca de las madres por su condición femenina, porque pueden ser receptoras y proveedoras del cuidado y, en el caso de los hijos, se centra sobre todo en el apoyo económico”, dijo Verónica Montes de Oca, coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez de la UNAM.
Sin embargo, esa dinámica no es unidireccional ni se limita a una sola etapa de la vida. “Muchas madres mayores continúan ayudando a sus hijas adultas, a sus nietos, a sus hijos, también a aquellos que tienen una discapacidad, lo cual muestra que el cuidado se mantiene como un intercambio constante entre generaciones”, explicó.
Para la también investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM cuidar implica respetar decisiones y formas de vivir. “Cuando se habla de un cuidado digno hacia las madres adultas mayores también se refiere a uno autonómico, es decir, que reconozca su capacidad de decisión de ellas sobre su vida”.
Al mismo tiempo, los valores culturales siguen influyendo en la forma en que se cuida dentro de las familias. “Hay una visión tradicional, familista que respeta mucho a la madre y a las abuelas, porque al final también se reconoce que son una raíz fundamental de ancestralidad que en las familias se conserva a través de las mujeres”, precisó.
Destacó que en la actualidad el envejecimiento plantea nuevos retos para las familias. La vejez actualmente es una etapa muy larga en la vida, puede durar 20 o 30 años y a veces desconocemos qué hacer frente al cuidado a largo plazo.
“Se trata de una etapa extensa para la cual no siempre estamos preparados, ni para sostener una autonomía plena en la vejez ni para enfrentar posibles enfermedades o situaciones de dependencia”, puntualizó Montes de Oca.
Añadió que el cuidado no se limita al bienestar físico de nuestras madres, sino que también abarca su salud mental, su seguridad económica y las condiciones de los entornos en los que viven nuestros familiares mayores.
El cuidado en la infancia puede dejar huellas que influyen en la vida adulta. María Montero y López Lena, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que esta situación puede entenderse mejor con la teoría del apego, que consta de cuatro tipos y fue formulada por John Bowlby, “la cual plantea que el desarrollo socioafectivo se construye a partir de la forma en que una persona fue cuidada en la infancia, ya que de ahí se derivan patrones duraderos de relación, y no de una lógica de intercambio moral o emocional de ‘ida y vuelta’ entre padres e hijas o hijos”.
“Dependiendo de cómo el niño o la niña crece, va desarrollando un tipo de carácter, un tipo de vínculo con el otro que en este caso puede ser la madre, lo que ayuda a entender por qué en la adultez se repiten ciertas formas de relación y de cuidado”.
Por ejemplo, indicó la psicóloga, el apego seguro se considera el modelo más saludable dentro de esta teoría. “Es lo que se esperaría de una madre madura, equilibrada, sí con limitaciones, pero también con un profundo compromiso para el cuidado del otro, lo que favorece relaciones más estables y respetuosas”.
Cuando el vínculo no es consistente, pueden aparecer dificultades emocionales. “Si la madre es ambivalente, a veces se encuentra de buen humor y hay unos arrumacos enormes para la niña o el niño, pero cuando está bajo tensión cambia el trato, puede generar confusión en la manera de relacionarse afectivamente”.
El apego evitante se caracteriza por una dificultad para la cercanía emocional. La persona puede expresar afecto, pero al mismo tiempo marcar distancia: “sí te quiero, pero no te acerques, no quiero que me abraces”. En este tipo de vínculo se evita la intimidad, el contacto afectivo y la expresión abierta de emociones.
Por último, el apego negligente se distingue por una baja implicación emocional. En este caso, la relación se mantiene en un nivel mínimo de cuidado y atención: “estás bien, no te deseo mal, pero tampoco te cuido de manera especial”. No hay una intención de daño, pero tampoco una presencia afectiva constante ni un acompañamiento significativo.
En conjunto, Montero y López Lena subrayó que la manera como se construyó el vínculo en la infancia influye profundamente en la relación que se mantiene en la adultez; no obstante, también ese vínculo puede transformarse si se cultiva una comunicación consciente, afectiva y constante.
“El cuidado hacia la madre es fundamental porque implica reconocerla como una persona con necesidades emocionales, afectivas y de acompañamiento que no deben ser invisibilizadas ni reducidas únicamente a lo físico o funcional”, consideró María Montero.
Apuntó que cuidar a la madre significa estar presente de manera consciente, brindarle atención, reciprocidad y sensibilidad para que ella no se sienta relegada, sino valorada y acompañada.
A decir de María Montero y López Lena, una de las necesidades emocionales más importantes en las madres mayores es sentirse significativas en la vida de sus hijos. Sin embargo, esto suele pasarse por alto con frecuencia, ya que muchas madres, desde una lógica de ‘sacrificio’, no expresan de manera directa lo que necesitan. En ese contexto, indicó, son los hijos o las hijas quienes tienen que aprender a identificar esas necesidades.
Entre las recomendaciones para fortalecer el vínculo con las madres mayores la psicóloga remarcó:
El cuidado de las mujeres adultas mayores no empieza en la vejez, se construye a lo largo de toda la vida. “Muchas de las condiciones que aparecen en esta etapa no surgen repentinamente, se acumulan con el tiempo, por lo que el autocuidado desde etapas tempranas y la atención oportuna son esenciales para llegar a la vejez con mejores condiciones de salud y autonomía”, acotó Daniela Cataneo Piña, titular de la Coordinación de Geriatría y Cuidados Paliativos del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y estudiante del doctorado en Ciencias Médicas en la Facultad de Medicina de la UNAM.
En la medicina, subrayó, un aspecto central del cuidado es el papel de la familia, especialmente de los hijos. “El tratamiento médico no depende únicamente de la consulta, sino también del acompañamiento cotidiano, como recordar medicamentos, organizar tratamientos, motivar la adherencia y estar atentos a cambios en el estado de salud; son acciones que pueden marcar una diferencia significativa en el cuidado de las personas mayores”.
Estas son las recomendaciones médicas que la geriatra señala para el cuidado integral de las mujeres adultas mayores:
Fuente: www.gaceta.unam.mx

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