Érase una vez dos jóvenes que se conocieron mientras cursaban sus estudios universitarios. Se hicieron amigos del alma, llevando la gran mayoría de sus materias juntos y participando en conjunto en todos los proyectos que podían.
Llegó la graduación y con ella la vida real. Salieron a un mundo en el que lograron empatar sus objetivos profesionales y su inquietud emprendedora y entonces nació una nueva sociedad anónima. Vivieron felices para siempre.
Ojalá esa fuera la historia de todas las empresas que nacen, sin embargo, hay diversos factores que impiden este final feliz. Desde una mala planeación de mercado hasta la alta carga impositiva de la que son objeto las pymes.
Se dice que en México sólo el 5% de las empresas que nacen rebasan los 5 años de vida y con este logro llegan nuevos retos a vencer.
La empresa de nuestro cuento rebasó los cinco años esperados e incluso está ya festejando su 20 aniversario. En este tiempo los socios, que al inicio eran grandes amigos, ahora ya son compadres y sus hijos han crecido juntos.
El festejo es en la playa y están invitados los empleados y sus familias. Son las 10 de la noche y uno de los socios no ha llegado, su celular manda a buzón llamada tras llamada y entonces llega la noticia.
Ha ocurrido un accidente en la carretera, un pick-up y un carro familiar, dos adolescentes ilesos, dos adultos heridos, un muerto: el socio de nuestra historia.
El dolor hace que parezca que el tiempo se detiene, sin embargo, el tiempo nunca lo hace. Una vez pasado el funeral y las visitas de familiares y amigos que acompañan a la viuda, llega la realidad: falta un pilar en la familia y un pilar en la empresa.
En la empresa, el socio sobreviviente se encuentra más ocupado que nunca, sacando adelante sus actividades y además las actividades que realizaba su socio.
Hace espacio en su agenda para entrevistar prospectos que puedan suplir laboralmente a su amigo. Tiene tanto que hacer entre sus manos que no ha podido apoyar emocionalmente a la viuda de su amigo.
Llegó el fin de mes y de contabilidad le avisan que la señora vino a pedir los vales de gasolina de su esposo y un cheque para pagar los servicios de su casa, comida y el saldo del mes de las tarjetas de crédito.
El socio autoriza el gasto como salida personal de su cuenta, pues no ha tenido oportunidad de revisar el caso con su fiscalista y sus abogados y no le va a negar a su amiga dinero para su sustento y el de sus hijos.
Pero esta situación se vuelve cotidiana cada mes y hasta la ejecución del testamento, en donde la heredera de las acciones del finado es, precisamente, su esposa.
Una esposa que no conoce del negocio y que tiene prioridades muy diferentes a las de la empresa. ¿Cuáles son las opciones del socio en una situación así? Se encuentra dirigiendo una empresa solo, pues su nueva socia no tiene interés ni habilidades para ser la mancuerna empresarial que era su marido.
Y se siente con un compromiso moral que no le permite poner las cartas (legales) sobre la mesa y fríamente tomar las decisiones necesarias, especialmente porque no cuenta con recursos líquidos para la mejor opción: cómprale su parte del negocio a la socia.
¿Conoces casos así? Más importante aún si eres empresario, estoy segura que de ninguna manera quisieras que este fuera tu caso.
Date un respiro y la oportunidad de platicar con un especialista en el tema. Te invito a que platiquemos y busquemos un esquema que permita proteger a los que más quieres y a lo que más quieres.
C.P. y L.D. Mary Carmen Martínez Vila
CLI y FSCP por The American Collage/IMESFAC
(Certificate in Life Insurance – Financial Services Certified Professional)
Correo: marycmv@gmail.com
Contacto: (662)2566982
Añada su comentario: